Dogbane Beetle

domingo, 30 de noviembre de 2014

Tú para siempre



No importa cuántas veces te caigas o la cantidad de serpientes de coralillo que sigan subiendo desde tus pulmones hasta tu garganta convirtiéndose en vómito y arcadas incontrolables cada mañana, tú para siempre. Me interesa poco cuántas heridas tenga que volver a suturar, agarra un limón y exprímelo aquí, en mi corazón, échale sal, sazónalo bien; somos madera y la madera flota, porque tú para siempre. No existe el golpe lo suficientemente fuerte, ni la palabra lo bastante hiriente para separar los caminos que son como hilos entretejidos por el destino y tú para siempre. A estas alturas, ya no le presto importancia a los finales, porque somos ése libro manoseado con las hojas que permanecen en su lugar precariamente y que leemos hasta el hartazgo una y otra vez porque es también el único entre todos los demás que nos reconforta transportándonos a mejores lugares que el estado natural de nuestras mentes, entonces tú para siempre. Y si te tiran al lodo yo te recojo y te limpio y te leo historias de ultramar y te preparo una playlist para sanar y si me caigo al lodo me levanto para buscarte y encontrar el tónico vigorizador de tu existencia porque hoy y mañana y la próxima semana, tú para siempre. Debes saber que si se te acaba la voz de tanto gritar te doy la mía, cuando quieras saltar del puente yo te estiro de la playera o te empujo o te tomo de la mano o me lanzo contigo según sea el caso porque con o sin gravedad eres tú para siempre. Da mucho miedo encontrar verdades definitivas en la vida porque nacemos sólo con la estructura básica de la conciencia colectiva, cambiar preceptos y añadirlos nos obliga a reacomodarnos como el desktop de nuestras computadoras todo lo que nos enseñaron desde el momento en que aprendimos a discernir, claro que entramos en pánico y simulamos el comportamiento desesperado de ratones atrapados en cajas de cartón, pero entonces el aire mece el agua y la ferocidad de ambos elementos entra en calma dejando de azotarnos contra las orillas de este estanque, para darnos tiempo de entendimiento y ahí más que nunca tú para siempre y ahí como en ningún otro momento yo para siempre y ahí entre el vacío los dos para siempre.

1 comentario:

David. E. Cruz dijo...

Chingón Gizéh, muy chingón.