Dogbane Beetle

lunes, 8 de julio de 2013

Mis jarrones



Con el tiempo mis jarrones me cortaron. Muchos años los llené de agua de lluvia, de agua de río, a veces por mis corajes con agua de mar. Los tiré, los pegué, pero no es lo mismo, luego ya no quedan bien. Mis jarrones de barro fueron operados, pero mi mano torpe y mi pulso de maraquero sin querer los arruinaron. Mis jarrones no volverán a cocer frijoles, se quieren ir de viaje, un viaje eterno por lugares agradables y lo más lejos posible de mí, no les reprocho nada, fue mi culpa, se les escurren los líquidos a mis jarrones, perdideron su capacidad nata de contener. Quisiera que comprendieran las limitaciones pusilánimes de mi especie, que pensaran tres veces antes de juzgarme y odiarme y cortarme las manos cuando intento componerlos, pero no entienden, porque el barro no tiene cerebro.

Mis jarrones ya hicieron sus maletas, no hay vuelta atrás. Me dejaron hecho un café pero me da miedo probarlo y que contenga algún veneno mortal, me dejaron una carta pero me da miedo que diga cuánto me odian, cuánto daño les hice, cuánto desamor les causé. Me da miedo leer con la caligrafía infantil de un jarrón sentimientos contundentes y contrarios a mi deseo, a mí deseo de ser amada por ellos.

Me dejan hoy un día lluvioso, porque saben como amo la lluvia, porque quieren que odie el recuerdo, porque me voy a emborrachar en un jarrón de porcelana, sabiendo cuánto odio ese material tan pretencioso y como extrañaré el barro del que ellos estaban hechos. Mis jarrones ya se fueron.

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